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Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile dicta clase sobre desarrollo cognitivo e inteligencia en la ELADES-CEPAL

El doctor en psicología cognitiva Ricardo Rosas impartió una clase donde analizó cómo los mitos sobre la inteligencia han influido en la configuración de los sistemas educativos y qué modelos más equitativos pueden orientar su transformación.
Noticias |
23 de julio de 2025

En el marco de las actividades formativas de la Escuela Latinoamericana de Desarrollo Económico y Social (ELADES), el profesor Ricardo Rosas, director Centro de Desarrollo de Tecnologías de Inclusión en Pontificia Universidad Católica de Chile,  impartió una clase centrada en la evolución del concepto de inteligencia, el rol de la educación y las brechas cognitivas en Chile.

A lo largo de la historia de la psicología, distintas corrientes han definido la inteligencia de formas diversas. Rosas, doctor en psicología por la Universidad de Berlín (Alemania), explicó que durante décadas prevaleció la idea de que era “heredada, única e inmodificable”, visión sostenida por autores como Charles Spearman y Cyril Burt. Esta perspectiva comenzó a cambiar con la expansión de la educación pública en Francia durante la Revolución Industrial, cuando empezaron a detectar las diferencias de aprendizaje entre los niños campesinos que migraban a las ciudades.

Ante este desafío, el Ministerio de Educación francés encargó a Alfred Binet y Théodore Simon el desarrollo de una herramienta para evaluar las capacidades de los estudiantes. El resultado fue el primer test de inteligencia de la psicología moderna, que introdujo el concepto de “edad mental” y marcó un antes y un después: la inteligencia se entendió como una cualidad modificable. Según Rosas, esta innovación permitió demostrar que los estudiantes podían desarrollar sus capacidades si recibían una educación adecuada.

“El test no medía lo que sabías, sino lo que podías llegar a aprender”, puntualizó el académico, quien subrayó que “la educación produce la inteligencia, y la inteligencia depende de la educación”. En esa línea, distinguió entre conocimientos formalizados —que tributan al ascenso social— y saberes no curricularizados, como aquellos adquiridos en entornos rurales, que a menudo no son reconocidos institucionalmente.

Rosas también desmitificó la idea de que la genética determina la inteligencia. Aunque admitió que influye, señaló que no existe un “gen de la inteligencia” y que apenas un puñado de genes presentan una correlación significativa, explicando solo cerca del 1% de las diferencias individuales.

En la segunda parte de la clase, el profesor abordó el caso chileno, destacando la amplia brecha cognitiva entre estudiantes del sistema público y aquellos del sistema particular pagado. Según los datos presentados, entre los 0 y los 4 años ya existe una diferencia de 0,4 desviaciones estándar, que se agranda con el tiempo. A los 16 años, los estudiantes del sector público alcanzan un nivel similar al de los niños de 11 años en escuelas privadas.

El gasto en educación también revela estas desigualdades: mientras las escuelas municipales destinan cerca de 6 mil dólares por alumno al año, las privadas superan los 9 mil, lo que se traduce en resultados significativamente distintos. “La educación causa dos tipos de población muy distintas”, afirmó Rosas, quien advirtió que el sistema chileno tiende a perpetuar las desigualdades sociales a través de la educación.

Como contraposición, mencionó el caso de países con alto desarrollo humano como Finlandia, donde la educación actúa como agente igualador. Con jornadas más cortas, menos pruebas estandarizadas y mayor diversidad en las aulas, el sistema finlandés logra aprendizajes homogéneos. “En estos países, la diferencia salarial entre un obrero calificado y un CEO puede ser de 1 a 8. En América Latina, esta brecha es de 1 a 50”, concluyó.

La clase sobre inteligencia y desarrollo cognitivo se enmarca en el módulo de desarrollo humano del Programa de Estudios sobre Políticas del Desarrollo para América Latina y el Caribe, que la ELADES ofrece anualmente a medio centenar de jóvenes de toda la región.