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Profesor de la ELADES analiza los fundamentos filosóficos del desarrollo humano integral en la Universidad de Costa Rica

Felipe Correa, profesor de la Escuela Latinoamericana de Estudios del Desarrollo (ELADES) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), participó como conferencista en espacio organizado por la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Asociación Costarricense de Filosofía. Durante su intervención, presentó la conferencia titulada “Filosofía del desarrollo humano integral”, en la que abordó los fundamentos conceptuales y éticos que sustentan este enfoque.
En su presentación, Correa señaló que “la filosofía del desarrollo es una materia que podríamos decir que aún no existe como tal, pero que debe ser construida”. En este sentido, explicó que, aunque el concepto de desarrollo está presente en la Agenda 2030 y en múltiples políticas públicas, es esencial comprender sus orígenes, implicaciones y propósito, para orientar el progreso hacia el bienestar humano integral.
Genealogía del desarrollo: de la idea de progreso al desarrollo humano
La idea de desarrollo se encuentra ya originariamente en la idea progreso, Correa explicó que se trata de “un concepto del cual se escribió bastante durante el Renacimiento y que agrupa tres temas centrales: la cognoscibilidad (¿podemos saber si hubo y habrá progreso?), deseabilidad (¿es deseable el progreso?), y límite (¿el progreso tiene un límite o es ilimitado?)”.
Algunos filósofos, como Immanuel Kant, teorizaron sobre ello, pero no es hasta 1919 en el pacto de la Sociedad de las Naciones, concretamente, en el artículo 22 cuando se empieza a hablar de desarrollo como tal en un contexto más reconocidamente global.
Durante las décadas siguientes, el desarrollo se entendió principalmente como desarrollo económico, medido por indicadores como el PIB y el grado de industrialización. Posteriormente, con la creación de las Naciones Unidas, tomó fuerza el concepto de desarrollo social, y en 1975, la Declaración de Cocoyoc marcó un punto de inflexión al afirmar que “el propósito del desarrollo no debe ser la producción de cosas, sino el desarrollo del ser humano”, dando fuerza al impulso que tomó el concepto de desarrollo humano.
Nacimiento de concepto de Desarrollo Humano Integral
Algunos de estos debates sentaron las bases para el concepto de desarrollo humano integral, sistematizado por Denis Goulet en su libro Ética del desarrollo (1965). A partir de sus aportes, el desarrollo humano integral comenzó a entenderse como un proceso multidimensional que abarca cinco esferas interrelacionadas: económica, política, social, humana y ambiental.
La literatura posterior identifica además cuatro enfoques teóricos que explican el sentido último de este concepto: el enfoque de necesidades básicas, el enfoque de las capacidades, el enfoque de desarrollo humano y el enfoque aristotélico.
Enfoque aristotélico del desarrollo humano integral
En la parte final de su presentación, Correa profundizó en el enfoque aristotélica del desarrollo, centrado en el concepto de eudaimonía —felicidad, bienestar o florecimiento humano—, entendido como la realización plena de las potencialidades del ser humano.
De acuerdo con Aristóteles, la función propia del ser humano es pensar y razonar; por ello, el desarrollo humano implica centrarse en la psyché y en su capacidad para pensar y razonar.
Correa explicó que esta visión permite comprender las distintas dimensiones del desarrollo humano integral. En la dimensión económica, el enfoque aristotélico sostiene que la riqueza y los recursos son necesarios para una vida buena, pero que su exceso puede convertirse en un obstáculo para la felicidad. En el ámbito social, destaca la importancia de la amistad y la igualdad como bases de la cohesión social y la justicia, pues una gran desigualdad de ingresos y oportunidades debilita el vínculo cívico. En cuanto al desarrollo político, señalaba que el bienestar individual no es posible sin un orden institucional o político que favorezca el bien común. En el ámbito del desarrollo humano, procesos fundamentales son el desarrollo cognitivo y el desarrollo moral de las personas, incluyendo en esto último el desarrollo socioemocional, la educación del carácter y el desarrollo de la virtud ética.
Finalmente, Correa planteó la dimensión ambiental del desarrollo humano integral, un campo aún incipiente pero sustentado en tres hipótesis principales. La primera señala que, para aspirar a una vida buena, es necesario garantizar la existencia misma de la vida, lo que hace del cambio climático una amenaza directa. La segunda hipótesis se basa en la semejanza entre los animales no humanos y los niños. Por último, Correa destacó la importancia de extender el amor y la amistad hacia los animales no humanos, como una expresión ética que amplía el horizonte del desarrollo más allá de lo estrictamente humano.
Correa concluyó señalando que “la filosofía del desarrollo busca articular las distintas dimensiones del desarrollo en un esquema teórico y empírico coherente”. A su juicio, es necesario continuar profundizando en este campo emergente para comprender cómo las distintas dimensiones —económica, social, política, ambiental y humana— se interrelacionan en la búsqueda del bienestar y de la verdadera felicidad humana.
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