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Nuevo capítulo de profesor de la ELADES analiza el dilema del desarrollo económico en Chile

El economista Miguel Torres, profesor de ELADES y editor jefe de la Revista de la CEPAL, publicó el capítulo “El presente como historia: la economía política del Chile actual (1990–2023)” en el libro Crisis y perspectivas de desarrollo en América Latina, donde examina las causas estructurales del estancamiento productivo y las tensiones sociales que atraviesa Chile desde una perspectiva histórica y de economía política.
En su análisis, Torres plantea que Chile no es ajeno a una tendencia regional de largo plazo caracterizada por el bajo crecimiento y el estancamiento de la productividad, fenómeno que la CEPAL ha caracterizado como una posible nueva década perdida. El bajo crecimiento económico, explica, no solo limita el dinamismo productivo, sino que termina impactando en otros indicadores sociales, como la pobreza y la marginalidad.
Este escenario económico frágil, sostiene el autor, se entrelaza con debilidades democráticas y crisis políticas. Según advierte, se logran resolver coyunturas inmediatas, pero no los problemas estructurales de fondo. En ese contexto se inscriben fenómenos como el estallido social en Chile, expresión de demandas por una mayor redistribución de la riqueza y una democratización más profunda del poder político y económico.
Una lectura social, económica y política
Para comprender este proceso, Torres propone una lectura histórica del Chile reciente desde una perspectiva económica, social y política, orientada a pensar reformas estructurales. En el plano político, repasa las movilizaciones sociales que desembocaron en un proceso constituyente que terminó de forma fallida, así como las dificultades que ha enfrentado el actual gobierno para implementar su programa de transformaciones.
Desde la dimensión macroeconómica, el capítulo analiza cómo el actual gobierno ha debido enfrentar, en un contexto nacional e internacional complejo, fenómenos como la inflación, el aumento de los precios de bienes básicos y energéticos, y el desempleo. Torres identifica algunas reformas que considera alentadoras para mejorar la productividad —como la reducción de la jornada laboral y el aumento del salario mínimo—, aunque advierte que el rumbo del crecimiento dependerá de los cambios que se logren en sectores estratégicos. En ese sentido, señala que el avance hacia un ciclo virtuoso de cambio estructural requiere políticas desarrollistas e institucionales adecuadas.
El análisis dialoga de forma explícita con el pensamiento de Aníbal Pinto y su noción del dilema del desarrollo. Retoma la idea de la “primera frustración histórica del desarrollo”, vinculada a la incapacidad de avanzar en la diversificación productiva y la generación de progreso técnico.
El desarrollo económico en cifras
El capítulo también ofrece una mirada comparada del desempeño económico chileno. Entre 1950 y 1973, durante el periodo desarrollista, Chile creció a una tasa promedio de 3,6%. Esa cifra se redujo a 3,2% durante la dictadura. Entre 1998 y 2002, en un contexto de crisis internacionales, el crecimiento fue de 3,9%, para luego repuntar a 4,7% durante el auge de los precios de las materias primas, impulsado en gran medida por el cobre. Tras el fin de ese ciclo, el crecimiento se ha estancado en torno al 2% anual, el nivel más bajo del periodo analizado.
La comparación con países como Finlandia, Corea y Malasia refuerza una de las conclusiones centrales del estudio: aunque Chile creció más rápido durante la profundización neoliberal a partir de 1990 que en el periodo desarrollista, ese crecimiento se dio con un aporte decreciente de la productividad, que incluso fue negativo entre 2014 y 2021.
Desde una perspectiva estructuralista, Torres asocia este estancamiento prolongado a un rasgo endémico de las economías latinoamericanas: la heterogeneidad estructural. El desajuste en la productividad entre sectores genera brechas salariales y profundiza la desigualdad en la distribución del ingreso, un patrón que, según señala, se repite en otros países de la región.
En sus reflexiones finales, el autor recurre a Antonio Gramsci para interpretar el estallido social como un fenómeno cíclico, un “momento gramsciano” en el que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no logra nacer. A cinco años del 18 de octubre y del proceso constituyente que abrió, Torres sostiene que la lección no es el cierre del debate, sino la necesidad de atender las demandas sociales que plantearon. La salida al dilema chileno del desarrollo, concluye, pasa por “comprender las dinámicas sociales actuales, avanzar en cambios profundos de las estructuras socioeconómicas y fortalecer una democracia más participativa”.
El capítulo completo está disponible en el siguiente enlace.

