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Investigador de la CEPAL publica artículo académico sobre la genealogía de la bioeconomía en la región
El investigador y funcionario de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la CEPAL, Andrés Mondaini, publicó recientemente el estudio “Orígenes, genealogía y expansión de la concepción actual de bioeconomía en América Latina y el Caribe” en la revista Naturaleza y Sociedad: Desafíos Medioambientales, de la Universidad de los Andes (Colombia)
En este artículo, Mondaini revisa los principales hitos históricos y conceptuales de la concepción de la bioeconomía, trazando sus orígenes. Su análisis adquiere especial relevancia al ofrecer una lectura alternativa desde el Sur Global: comprender las raíces históricas de la bioeconomía, sostiene el autor, “constituye una condición indispensable para promover su implementación territorial de manera más adaptada a las especificidades del Sur global y sensible a sus tensiones sociales y ambientales”.
El estudio traza una línea evolutiva del concepto, desde sus primeros usos en las ciencias biológicas a comienzos del siglo XX, hasta las contribuciones posteriores de autores como Jirì Zeman y Nicholas Georgescu-Roegen.
Además de las primeras aproximaciones académicas, el autor identifica tres procesos clave para su origen en Estados Unidos en la década de 1980: (1) la ecologización de la economía; (2) la transición del modelo agrícola de la Revolución Verde hacia formas de producción más ecológicas, y (3) la promoción de políticas para sustituir insumos fósiles mediante el uso de biomasa y biotecnología. Este proceso modificó la percepción de la agricultura desde fuente de alimento a proveedor estratégico de materias primas renovables para la industria.
A partir de entonces, el debate sobre la bioeconomía trascendió el ámbito nacional y comenzó a consolidarse en la agenda internacional. Organismos Internacionales como la OCDE y la Unión Europea internacionalizaron el concepto, al integrar la bioeconomía como marco de políticas públicas.
Esa proyección global favoreció su llegada a América Latina y el Caribe, donde el concepto comenzó a ganar espacio a través de iniciativas impulsadas por estas mismas instituciones. Si bien en un inicio se asoció con la provisión de recursos para otros mercados, hacia 2011 —con el Séptimo Programa Marco de la Unión Europea— la bioeconomía comenzó a ser vista también como un modelo de desarrollo productivo para países con abundantes recursos naturales y capacidades biotecnológicas.
Ello contribuyó a su institucionalización y al fortalecimiento de acciones subregionales en la materia. Sin embargo, el autor destaca que la aproximación latinoamericana a la bioeconomía se asemeja más al enfoque estadounidense que al europeo, al entenderla no solo como respuesta a los desafíos ambientales, sino también como un canal para la innovación y un modelo alternativo de desarrollo productivo.
En suma, la investigación invita a los países de la región a reflexionar sobre la construcción de modelos de bioeconomía propios, que reconozcan las particularidades productivas, de países de América Latina y el Caribe, y que aporten a una transformación productiva más sostenible en la región.

