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Voluntad política, transformación productiva estructural y cooperación internacional: las claves del desarrollo sostenible en la región

¿Cómo puede América Latina avanzar hacia un desarrollo verdaderamente sostenible, que sea al mismo tiempo inclusivo, competitivo y ambientalmente responsable? Esa es la pregunta que plantea el estudio “Desarrollo sostenible: teorías y algunas simulaciones sencillas”, elaborado por José Eduardo Alatorre, Gabriel Porcile, Fernando Sossdorf y Miguel Torres.
El artículo retoma —y actualiza— una de las grandes tradiciones del pensamiento regional: el estructuralismo latinoamericano. A partir de la teoría de las tres brechas —económica, social y ambiental— y utilizando datos recientes de América Latina, los autores señalan que las dinámicas estructurales de la región, formuladas por Raúl Prebisch bajo el enfoque centro-periferia, siguen vigentes. La baja productividad, la heterogeneidad productiva, la escasez de divisas y los desequilibrios externos siguen configurando un modelo de desarrollo desigual, que limita las posibilidades de convergencia con las economías más avanzadas.
Prebisch fue pionero en describir estas asimetrías, pero sus análisis se enfocaron principalmente en los aspectos económicos de la industrialización. Fue recién hacia los años 70 cuando Osvaldo Sunkel y su equipo en la CEPAL comenzaron a incorporar el impacto ambiental al diagnóstico del desarrollo. A partir de allí, se consolidó la idea de que la sostenibilidad requiere un abordaje integral de tres dimensiones interdependientes: la económica, la social y la ambiental.
El estudio propone que para lograr una sostenibilidad social significativa, las economías de la región deberían crecer a un ritmo cercano al 4% anual. Pero ese crecimiento no puede darse en cualquier dirección: necesita apoyarse en un proceso de transformación estructural, donde se prioricen sectores con mayor intensidad tecnológica y menor impacto ambiental. En otras palabras, crecer más y mejor. Y para eso, el proceso de descarbonización debe acelerarse a un ritmo entre 9 y 10 veces superior al actual.
Ahora bien, más allá de los modelos y los datos, los autores destacan que el verdadero desafío es político. Una transición hacia el desarrollo sostenible no ocurrirá sólo por cambios técnicos o mejoras de eficiencia. Requiere fortalecer el rol estratégico del Estado, redistribuir el poder y el ingreso, y fomentar una cooperación internacional que supere la actual fragmentación geopolítica y reconstruya la confianza de las instituciones multilaterales.
Puedes leer el artículo completo aquí: https://rosa.uniroma1.it/rosa04/psl_quarterly_review/article/view/18921

